Nos dice la Real Academia que la segunda acepción de “sopa boba” es la de “vida holgazana y a expensas de otro”. Y la definición viene al pelo para entender lo que está sucediendo estos dÃas con la disputa en torno a la “Stop Online Piracy Act”, popularmente conocida como “la SOPA”.
Por hacerles el cuento corto, se trata de algo que viene a ser como nuestra ley Sinde, pero con más peligro, puesto que contempla medidas más estrictas, y viene propuesta desde un paÃs como Estados Unidos, cuyo peso en la red es mucho mayor que el nuestro. Tal vez, sin embargo, lo peor que tengan SOPA y Sinde sea lo mismo: que permiten cerrar páginas web sin previa autorización judicial. Que es tanto como decir que se cargan de un plumazo una de las mejores conquistas del ser humano: la libertad de expresión.
Y claro, visto lo duro de las medidas propuestas, lo primero que pensamos es que debe tratarse de proteger algo muy grande cuando se está dispuesto a sacrificar a cambio nada menos que el ejercicio de una de nuestras libertades básicas. Pero en cuanto se rasca un poco, es para echarse a llorar. Lo único que hay detrás es la protección de una industria en decadencia, que pretende seguir viviendo de intermediar entre los artistas y quienes consumimos sus obras. La sopa boba que unos pocos desean perpetuar.
Supongo que parte del problema lo tenemos en la formación de la actual generación de polÃticos, a pocos de los cuales se conoce actividad previa a la de ser profesionales de la polÃtica. Un perfil que poco tiene que ver con los lÃderes del pasado a quienes debemos nuestros actuales derechos. Porque, por extraño que pueda sonar desde nuestra mentalidad actual, hubo una época en que Europa fue dirigida por personas que tenÃan un programa de cambio para la sociedad y creÃan en un futuro que deseaban para ellos y sus conciudadanos. PolÃticos que pueden ser discutibles hoy, pero cuyo legado permanece porque miraban hacia delante y no hacia atrás. Doscientos años después seguimos leyendo a Montesquieu por discutible que resulte con nuestros ojos del siglo XXI. Porque sus obras son básicas para entender lo que hoy somos; mucho más que la revista de aquel vicepresidente que quiso enterrarle y del que nadie hablará a la vuelta de veinte años.
Internet es algo muy serio. Algo en torno a lo cual estará nuestro futuro, si es que queremos tenerlo. Algo que, efectivamente, tiene que ver con la cultura. Con la pasada y con la futura. Porque, aunque muchos de nuestros dirigentes lo ignoren, en la red igual encontramos las obras de Manrique que propuestas interesantes sobre la configuración de la sociedad del futuro. Pero poco partido podremos sacar de la red sin entenderla, sin saber lo que aporta, y haciendo de ella un vehÃculo más para la propaganda.
Me encantarÃa ver a nuestros polÃticos mirando al futuro, generando programas que garantice que la red siga siendo un espacio de libertad, de intercambio cultural y de prosperidad económica. Desde luego serÃa mucho mejor que seguir dejándose engañar por intereses del pasado que los harán pasar a la historia como los bobos de la sopa.


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