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Fuegos artificiales

Escrito el 11 febrero 2009 por Julian de Cabo en Educación / Education

Pocas cosas reflejan mejor la idea de que la belleza es efímera que los fuegos artificiales. Pocas cosas encandilan más nuestra atención y nos dejan una mirada más soñadora que un buen espectáculo pirotécnico. Su espectacular colorido, la brillantez de sus luces y la rotundidad de su sonido capturan nuestra atención, nos aíslan de lo circundante, e incluso nos dejan una sonrisa en la cara que permanece por un tiempo cuando el espectáculo está acabado.

Pero como decía el soneto de Quevedo:

“Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se ésta yendo sin parar un punto:
soy un fue, un será, y un es cansado.”

Precioso como espectáculo, pero puro presente sin proyecto.

¿Volveremos alguna vez a ser dirigidos por alguien que tenga un proyecto que vaya más allá del puro tirar cohetes? ¿Volveremos los ciudadanos anestesiados por el ruido a ser conscientes de que la pólvora la pagamos nosotros? ¿Nos daremos cuenta algún día de que toda esa energía podría emplearse en obras que asegurasen nuestro futuro?

Vivimos la mayor revolución de la historia de la humanidad. Tal vez la primera en que el cambio nos abarca a todos casi simultáneamente. Pero nos falta lo que en otras épocas sí tuvimos: dirigentes con sentido de la transcendencia. Y no hablo de metafísica, sino de gente capaz de gestionar proyectos que vayan más allá de sí mismos. De personas capaces de mirar hacia atrás para saber qué se debe intentar que suceda hacia delante.

Pero basta mirar a nuestro alrededor para comprobar que nos sobran pirotécnicos y nos falta compromiso.

Uno no debería leer la prensa ni siquiera cuando por fin sale el sol.

Comentarios

Angel Barbero 11 febrero 2009 - 11:35

Julián, plenamente de acuerdo.

Las burbujas de todo tipo que hemos vivido en los últimos años estallan y nos damos cuenta que vivíamos en una mentira sustentada por frágiles pilares.

Sin embargo aún tengo mis dudas de que seamos capaces, como especie, de aprender de los errores, y que finalmente lleguen esos líderes comprometidos, ya no que nos saquen del atolladero, sino de que al menos sean capaces de acompañarnos y de crear algo diferente a lo que había hasta ahora.

Patxi 12 febrero 2009 - 10:39

Estos versos de Quevedo pertenecen a la época que hemos llamado el Siglo de Oro español, y que no fue más que un deambular por la historia hacia un futuro predecible del que uno no tiene claro que nos hayamos recuperado…

Las pocas excepciones que se han sucedido en el tiempo de hombres brillantes dispuestos a comprometerse han terminado estrellándose una y otra vez contra los mismos “muros de la patria mía”: Juan de Goyeneche, la Hispano-Suiza …

Y si uno mira la historia de los últimos 100 años de Europa la visión no es mucho mejor. Se parece más al andar de un borracho en un ciclo continuo de tocar fondo y levantarse.

Y lo peor de todo es que hace mucho tiempo que nos hemos vuelto cínicos y nos resignamos a seguir siendo una sociedad de pícaros, hidalgos y lazarillos… que refleja la frustración de unas generaciones jóvenes destinadas a vivir con menos recursos que sus padres.

Julián 12 febrero 2009 - 12:50

Más cierto imposible, Patxi.

Y tampoco es malo recordar aquello de que los pueblos que desconocen su historia están condenados a repetirla.

🙁

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