Tras las últimas incorporaciones de dispositivos causadas por la Navidad, el panorama electrónico en el cuarto de estar de casa es desolador. Antes de la llegada de sus Majestades de Oriente tenÃamos una televisión conectada a una consola, un DVD antiguo con amplificador Dolby Surround y radio, al que hubo que conectar un lector moderno de DVD para poder leer todos los discos modernos que el equipo anterior no reconocÃa.
Después de las fiestas se han unido a este caos un descodificador de TDT y una segunda videoconsola que, por supuesto, no sustituye a la anterior. Y aunque está por ver qué haremos para acceder desde este conglomerado a la música y fotos almacenadas en la red de datos a la que pertenece un PC cercano, al menos tenemos la suerte de no habernos suscrito a ningún servicio de televisión complementario. Porque de haberlo hecho, tendrÃamos que ampliar la mesa para poder sumar un nuevo mando a distancia a los ya existentes. No se rÃan, pero a los cuatro correspondientes a los aparatos electrónicos que he enumerado, hay que sumar el del aire acondicionado y un par de mandos inalámbricos de consola.
Catorce pilas en total, si no fuera porque hay que sumarles las cuatro adicionales que usan el teclado y el ratón del PC. Asà que dieciocho pilas. Ni pensar en añadir un grabador de DVD, en consecuencia. Ni un vÃdeo VHS. No puedo permitir que Al Gore descubra que el calentamiento global está empezando en mi salón. Ni provocar que algún dÃa mis nietos sean verdes y tengan trompetillas en las orejas por culpa de las radiaciones.
Y esto que les cuento no es lo más dramático. Hay algún inconveniente más … como que tras unos dÃas de haberlo dejado todo bien conectado (que tiene su mérito porque son varios kilómetros de cable por delante y detrás de las dos pantallas), ayer me encuentro con un zumbido de fondo extraño al encender la televisión. Pensando que eran interferencias producidas por alguno de los (múltiples) transformadores eléctricos de estos cachivaches electrónicos, me puse a repasar pacientemente el (demencial) esquema de conexiones para descubrir que alguien habÃa conectado la televisión … ¡¡consigo misma!!
Les juro que no es broma: alguno de mis hijos habÃa conectado entre sà las salidas frontales y traseras para altavoces adicionales, y el pobre cacharro protestaba de esa forma por verse forzado a una especie de “autosexo sónico” que, evidentemente, no deseaba. Se ve que como no es una tele de última generación anterior, tiene unos criterios menos permisivos.
Pero lo peor de todo no es esto, sino que tras tanto tiempo dedicado a reflexionar sobre el cambio tecnológico, va a resultar que eso de la batalla por el salón no era lo que yo pensaba.
Y que, visto el espacio que me va quedando, encima la estoy perdiendo.


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