Archivo de la Categoría ‘New Media / Nuevos Medios’

24
Ene

house of cardsEstaba hablando la semana pasada sobre House of Cards con un amigo que trabaja en el sector y pensando en la definición de “serie de televisión” a la que estamos acostumbrados. Lo de siempre: que interesante, como cambia las reglas del sector, que si la gente de Netflix se están pasando con el cambio de modelo de negocio, que cómo está el mercado que sube pero que no tanto, que si los ingresos online están bien pero no crecen tanto, que si los de la prensa están mucho peor, que hay que evitar estar como ellos…

Lo cierto es que el que una empresa de alquiler de películas de cine financie y publique online una serie, que la publique entera el mismo día para sus suscriptores, y que sea capaz de sindicarla en los países en los que no tiene presencia a canales tradicionales… pues como que cambia un poco los esquemas con respecto a la estrategia tradicional. A muchos niveles. No solo en cuanto a la comercialización y estructura de producción. También en cuanto al papel que van a jugar los distintos implicados más tradicionales. ¿Cómo serán de grandes las cadenas? ¿la producción será en empresas independientes o gestionadas por las cadenas? Y claro, quedan los nuevos jugadores ¿qué van a hacer los que vienen de internet? ¿Seguirán produciendo? Y algunos más, como los que hacen las teles -piensa en Samsung- y las empresas que hoy tienen poco que ver con este negocio como los Google o Facebook, que seguramente quieren una parte del pastel.

Y claro, pensando un poco parece que no solo estamos hablando de si las teles ganarán mucho o poco dinero, sino más bien de la forma de consumir contenido, de cómo de grande será el negocio, y de cómo se van a relacionar las marcas con sus clientes. Varios mercados en juego: contenidos, publicidad, cacharros. Con sus peculiaridades nacionales relacionadas con los diferentes grados de adopción de tecnología, pero con características comunes en un mercado cultural muy globalizado.

Así que si uno está en el sector o relacionado con él y quiere pensar en qué cosas hay que esperar como indicadores de cambio yo pensaría en las siguientes:

– A nivel de tecnología hay dos tendencias separadas que analizar. La primera en cuanto a ancho de banda, que ya se queda obsoleta para las líneas fijas, pero no para móviles, que podrán recibir en tiempo real una peli o serie en alta calidad (ya, ya, parece que ya se puede, pero los precios y la calidad no es para todos…). Así que en este punto nos ponemos un escenario de tres años. Queda uno más de tecnología. Que son las teles. 3d, 4k… mucha tecnología que todavía tiene que bajar de precio para que la gente vaya en masa a comprarla. Y sobre todo que tiene que ser adoptada en masa por los que producen el contenido para que merezca la pena meterse. Así que veremos a los productores de la tecnología subvencionando a las teles para que adopten la tecnología, y merezca la pena meterse… y también a los que producen contenidos y así… No mucho impacto por ahora parece. Si impacto para la velocidad en dispositivos móviles/precio de conexión.

– A nivel de las teles actuales. Parece que toca cambiar a modelos digitales que ofrezcan contenidos multiplataforma, más participación, más poder a los que hacen temas digitales, necesidad de buscar modelos de ingresos nuevos. Así que ahí tienes una oportunidad de desarrollar tecnología nueva y vendérsela, o formatos nuevos de programas. Mucha innovación en este área. Sobre todo para mantener la imagen de marca de la tele (la línea editorial de la prensa es lo mismo) para que la gente vaya a ver lo que haces porque en general le gusta. El tiempo real, lo local y lo especializado son buenos para las teles. Habrá cada vez más de esto, y menos enlatado.

– A nivel de producción de contenidos. Si quieres ingresos necesitas buen contenido -ya, muy listo y agudo ha sido el comentario. Para lograrlo incluyes formulas publicitarias dentro del contenido, y material que pueda salir por diferentes canales. Así que te implicas más en la producción. A nivel no solo de diseño sino de ejecución. Más integración entre unidades de producción. Empresas de producción más integradas. Así que si estás montando algo en este sentido, es un buen momento para pensar en integración de canales y ver si alguien te compra por tus historias o tu forma de hacer. Aunque habrá mucha competencia y los grandes se meterán también en proyectos de menor calado. Por eso decía Enrique el otro día

– A nivel de nuevos jugadores. Los que hacen contenido específico y exclusivo serán más. Y jugarán más agresivo. Si te vas a una plataforma porque tienen las mejores series, pues habrá más peleas por tener series como esas. Si HBO quiere cobrar un dineral por sus series y no es rentable para el modelo de Netflix. Pues Netflix se fabrica sus contenidos. Así que quedarán algunos grandes con músculo financiero para buscar alta calidad- alto coste- alto riesgo. Un grupo intermedio de distribuidores con capacidad para agregar + contenido específico. Y saldrán muchos que ahora están en el medio. Las Telcos, que ahora venden porque tienen fútbol, pues igual se lo tienen que replantear si el fútbol va por libre o se lo compra alguien más. El fútbol es tiempo real (no es tan interesante verlo tres días después verdad… así que al tiempo real lo dejamos aparte. Los agregadores lo tienen fácil, venderán pay-per-view en el corto plazo. Veremos si aguantan a los del all-you-can-eat. La recomendación (bien hecha) tiene todo el futuro del mundo. Tivo acaba de vender su parte de cacharros para centrarse solo en recomendaciones. Justo por eso.

Muchas cosas al mismo tiempo, pero que caracterizan un mercado que está en pleno cambio disruptivo. Un trabajo complicado pero muy interesante el de imaginar cómo será el sector en unos años. Eso si, por favor, que no me diga nadie que esto va a pasar mañana por la mañana. Lo bueno del cambio es que todavía la gente se  está sentando cuatro horas delante de la tele tradicional, así que el sector tiene todavía tiempo para reaccionar. Si, ha perdido a muchos clientes y otros ya nunca lo serán, pero hay tiempo para reaccionar.

Y esto todo se me ocurría mientras pensaba en House of Cards… que todavía no la he visto. Así que ahora va a tocar verla.

9
Mar

Contrariamente a lo que pensamos, la elaboración de mitos no sólo se produce en la Grecia clásica. Cierto que a los antiguos griegos debemos la creación de algunos de los más universalmente reconocidos como la hidra de las siete cabezas o las musas. Pero no es menos cierto que la cultura popular sigue creando mitos en nuestros días para intentar explicar lo racionalmente inexplicable. Y entre ellos están el del butanero como alegoría del vigor físico, el vendedor de enciclopedias como paradigma del tesón, o -y éste es el que nos interesa hoy- el intermediario como ejemplo de la capacidad desmedida de crear riqueza.

Casi siempre, hay hechos lógicos que tienen que ver con la génesis del mito. Resulta complejo dar con los más remotos, pero no tan difícil hacerlo con los más recientes. En el caso del intermediario, creo recordar que entró en el imaginario colectivo de la mano de la primera crisis del petróleo, cuando se hablaba de la inflación (descubrimiento económico de aquel momento, equivalente a la actual prima de riesgo) y se buscaba a los perversos responsables de la misma (lo que sería, en la época, el equivalente a nuestros banqueros de inversión).

Y ahí contribuyó decisivamente Alfredo Amestoy con un programa en la TV de la época en el que, según creo recordar  (y perdóneme el lector la imprecisión, porque un servidor tenía sólo once o doce años), perseguía unas hortalizas desde el huerto de un honrado agricultor hasta el supermercado, donde el ama de casa pagaba un precio que nada tenía que ver con el que el productor había recibido. El intermediario era -huelga decirlo- el malo malísimo que había recargado enormemente el precio de aquellas berenjenas en su caminar del huerto al plato.

Hoy, tras años de vida y formación, tengo claro que existe algo que se llama “la distribución”, que aporta un valor real que debe ser retribuido. Aquel intermediario de Amestoy contruye hoy plataformas logísticas, monta cámaras de frío, paga controles de calidad, mueve flotas de transporte … es decir: se gana el derecho a retener una parte del precio de esa berenjena que finalmente consumimos. Puede que nos siga siendo menos simpático que el agricultor, que sigue asumiendo en el campo la dura maldición bíblica de ganarse el pan con el sudor de su frente, pero hace un trabajo que es importante y que alguien debe pagar.

Pero hoy tenemos otro tipo de sectores de actividad, que no tienen nada que ver con lo físico, y a los que -supongo- algunos llaman “industria” sólo por evitar parecer aún más etéreas de lo que en realidad son. Es el caso de la “industria cultural” o la “industria del contenido”. En ellas -pese a que cada vez hay menos “cosas” que transportar, almacenar o distribuir- siguen existiendo intermediarios. Que tienen aún más impacto en los precios finales que aquellos del programa de Amestoy. Basta mirar el porcentaje del precio que cobra el autor de un libro para darse cuenta de por qué Amazon encontró un lugar bajo el sol “desintermediando” en el mundo del papel; basta mirar lo que ingresa el cantante por cada CD para entender por qué iTunes se convirtió en la tienda de música más grande jamás explotada. Eliminando intermediarios innecesarios, los consumidores compramos hoy libros y discos más baratos que hace quince años.

Y nunca se han escrito más libros ni se ha hecho más música que en estos años. Y nunca ha habido un modo más eficaz de transmitir cultura que el que las redes digitales ponen hoy a nuestro alcance. Así que, como decía el título del mítico álbum de Supertramp … “Crisis? What Crisis?” De haberla, no es una crisis de creatividad, ni una crisis de desabastecimiento del consumidor, ni -en muchos casos- una crisis de caída de ingresos para quienes crean. Es una crisis de los intermediarios. Una crisis que afecta a quienes viven del modo puntual en que se han distribuído unos bienes (los culturales) durante una época histórica. Una crisis de los intermediarios.

Enlazando con el principio, puede que estemos viviendo el final de otro mito. Y siempre es triste que se nos caiga un mito. Pero del mismo modo en que los gobiernos no acudieron en socorro de los simpáticos vendedores de enciclopedias al salir la “Encarta”, ni nadie movió un dedo por el prolífico butanero cuando se montaron los gaseoductos desde el Magreb, no entiendo qué hacemos pagando entre todos a los intermediarios culturales para hacer más dulce su reconversión.

Lo cual cierra el círculo definitivamente llevándonos a uno de los pocos mitos perdurables en el tiempo: el del político que no se entera de nada. ¿Nos librará alguna vez alguien de ellos?

19
Ene

Vivir de la #SOPA boba

Escrito el 19 Enero 2012 por Julian de Cabo en Internet, New Media / Nuevos Medios

Nos dice la Real Academia que la segunda acepción de “sopa boba” es la de “vida holgazana y a expensas de otro”. Y la definición viene al pelo para entender lo que está sucediendo estos días con la disputa en torno a la “Stop Online Piracy Act”, popularmente conocida como “la SOPA”.

Por hacerles el cuento corto, se trata de algo que viene a ser como nuestra ley Sinde, pero con más peligro, puesto que contempla medidas más estrictas, y viene propuesta desde un país como Estados Unidos, cuyo peso en la red es mucho mayor que el nuestro. Tal vez, sin embargo, lo peor que tengan SOPA y Sinde sea lo mismo: que permiten cerrar páginas web sin previa autorización judicial. Que es tanto como decir que se cargan de un plumazo una de las mejores conquistas del ser humano: la libertad de expresión.

Y claro, visto lo duro de las medidas propuestas, lo primero que pensamos es que debe tratarse de proteger algo muy grande cuando se está dispuesto a sacrificar a cambio nada menos que el ejercicio de una de nuestras libertades básicas. Pero en cuanto se rasca un poco, es para echarse a llorar. Lo único que hay detrás es la protección de una industria en decadencia, que pretende seguir viviendo de intermediar entre los artistas y quienes consumimos sus obras. La sopa boba que unos pocos desean perpetuar.

Supongo que parte del problema lo tenemos en la formación de la actual generación de políticos, a pocos de los cuales se conoce actividad previa a la de ser profesionales de la política. Un perfil que poco tiene que ver con los líderes del pasado a quienes debemos nuestros actuales derechos. Porque, por extraño que pueda sonar desde nuestra mentalidad actual, hubo una época en que Europa fue dirigida por personas que tenían un programa de cambio para la sociedad y creían en un futuro que deseaban para ellos y sus conciudadanos. Políticos que pueden ser discutibles hoy, pero cuyo legado permanece porque miraban hacia delante y no hacia atrás. Doscientos años después seguimos leyendo a Montesquieu por discutible que resulte con nuestros ojos del siglo XXI. Porque sus obras son básicas para entender lo que hoy somos; mucho más que la revista de aquel vicepresidente que quiso enterrarle y del que nadie hablará a la vuelta de veinte años.

Internet es algo muy serio. Algo en torno a lo cual estará nuestro futuro, si es que queremos tenerlo. Algo que, efectivamente, tiene que ver con la cultura. Con la pasada y con la futura. Porque, aunque muchos de nuestros dirigentes lo ignoren, en la red igual encontramos las obras de Manrique que propuestas interesantes sobre la configuración de la sociedad del futuro. Pero poco partido podremos sacar de la red sin entenderla, sin saber lo que aporta, y haciendo de ella un vehículo más para la propaganda.

Me encantaría ver a nuestros políticos mirando al futuro, generando programas que garantice que la red siga siendo un espacio de libertad, de intercambio cultural y de prosperidad económica. Desde luego sería mucho mejor que seguir dejándose engañar por intereses del pasado que los harán pasar a la historia como los bobos de la sopa.

22
Jul

Me persiguen las macizas

Escrito el 22 Julio 2011 por Julian de Cabo en Contenidos / Content, Internet, New Media / Nuevos Medios



Como he contado en entradas anteriores, el destino me ha llevado a abrir mi cuenta de Twitter, que hasta hace bien poco estaba cerrada y, en tal condición de “clandestinidad”, reservada a personas que me conocían y que tuvieron la curiosidad de buscarme activamente para pedirme el contacto.

Estaba así porque me servía sólo para seguir a unas 40 cuentas interesantes. Pero desde que la he abierto, y sólo como consecuencia de una mesa redonda, el número de mis “seguidores” es ya mayor que la lista de seguidos. Concretamente 63 al momento de escribir esta crónica. Entre ellos se siguen encontrando alguno de mis hermanos, mi hija mayor (que espero que no se chive a su madre de lo que estoy escribiendo), compañeros de trabajo y antiguos alumnos. Pero recientemente, a estos grupos se ha sumado una categoría de seguidoras complemente inesperada: la de las macizas anónimas.

Esto es como lo de la botella medio llena o medio vacía. Se puede ver como que son sólo tres, o se puede valorar que mis tres macizas representan casi el 5% de mis seguidores. Que a punto de los 48 años y quedándome calvo a marchas forzadas, es un motivo para salir de la cama más contento cada día. Conste que sigo enamorado de mi mujer y felizmente casado, pero … ¿quien no se alegraría de ser seguido por @ginajdritz, @danitahbenn o @shelliesiisaacs?

Lástima que se trate de macizas mudas, porque no se les conoce un tweet. Pero al fin y al cabo, ¿qué más da? Lo único que me tiene mártir ahora es … ¿y podría yo meterlas a las tres en un círculo de Google+ para presumir con los amigos?

18
Jul

“Sé tratar todo tipo de noticias, y si no las hay, salgo a la calle y muerdo a un perro”.

Dicen los que saben que esta frase, escrita por el maestro Billy Wilder para “El gran carnaval”, tiene una base real. Según parece, fue Charles Anderson, Director del New York Sun, quien a mediados del siglo XIX dijo que si un perro muerde a un hombre no hay noticia, pero si un hombre muerde a un perro sí.

Supongo que el lector, como me sucede a mi mismo, habrá escuchado mil variantes de la misma idea a lo largo de los años. Y que incluso se habrá reído con alguna comedia sobre la profesión periodística en que los protagonistas no andaban lejos de morderle al perro. Es complicado olvidar a la pareja Jack Lemon – Walther Matthau cuando en “Primera Plana” escondían a un preso fugado dentro de un escritorio de persiana para asegurarse de que nadie quitara la exclusiva al “Chicago Examiner”.

Pero lo que estábamos lejos de anticipar es que sucediera algo tan poco divertido como lo que vivimos estos días en torno al cierre de “News of the World”, el procesamiento de Rebeca Brooks y la comparecencia de Rupert Murdoch ante el Parlamento británico tras la dimisión del comisario jefe de Scotland Yard.

Se han hecho muchos análisis sobre las consecuencias de estos hechos. Y más que se harán, sin duda. Pero desde mi perspectiva, lo peor que tiene todo esto es que nos reafirma en la impresión de que la prensa ha perdido por completo el carácter de contrapoder que justificaba su existencia. Malo es que hayan mordido al perro, pero peor que lo hagan engañando al ciudadano que les da de comer.

13
Oct
28
Sep

Netflix y el crowdsourcing

Escrito el 28 Septiembre 2009 por Ricardo Pérez Garrido en Contenidos / Content, Innovación / Innovation, Internet, New Media / Nuevos Medios

De Netflix ya he hablado en otras ocasiones. Me interesa su modelo de negocio basado en simplificar el proceso de decisión en la selección del cine que quieres ver, y además combinando baja tecnología (te llega el DVD a casa) con lo más rompedor (tienen ya un servicio de video bajo demanda con miles de títulos y muchos más miles de suscriptores, acuerdos con TIVO…). Millones de clientes y números negros, un beneficio neto de 84 millones de dólares, frente a las grandes pérdidas del gigante Blockbuster, que ha perdido el pasado año casi 375 millones de dólares, facturando cuatro veces más… Es un ejemplo fascinante de cómo un modelo de negocio puede romper una industria y producir beneficios espectaculares. Su clave está en el sistema de recomendación de películas. Las películas que recomienda el sistema reciben calificaciones casi un punto superiores a las que la gente elige directamente (en una escala de 5 puntos, es muy significativo). Y quieren mejorar. Son tan listos que han decidido que seguramente no son los que más saben en el mundo de sistemas de recomendación y han pedido ayuda.

La historia es muy conocida: ponen a disposición de todo el que esté interesado datos anónimos de unos cientos de miles de clientes, con sus recomendaciones y gustos, con sus ratings y todo su historial con la empresa. Piden ayuda y ofrecen un premio: un millón de dólares al que consiga mejorar el sistema de recomendación de netflix en un 10%. Pues bien, hace unos días han entregado el premio. Lo fantástico viene en las consecuencias que esto puede traer. Intentaré apuntar algunas de las que me parecen interesantes, aunque seguro que se os ocurren muchas más:

– La primera es que de hecho aumentan la calidad de sus recomendaciones, que está en el centro de su modelo de negocio y que es realmente lo único que les permitirá sobrevivir cuando la transición a video bajo demanda sea una realidad en el mercado.

– La segunda es que han conseguido captar la atención de muchos equipos de investigadores, que estarán encantados de trabajar en el siguiente reto que la empresa les ponga. Recordemos que los primeros ganaron por unos minutos solamente y por unas décimas solamente.

– La tercera es la publicidad gratuita que les ha generado, apareciendo en cientos de medios, fantástico para los clientes y posibles nuevos empleadoes.

– La última es un mensaje claro a los mercados: quieren seguir siendo los mejores. Y recordemos que este reto lo lanzan en un momento de crisis para la industria, y de beneficios y crecimiento para ellos… espectacular.

Lecciones para los demás mortales: si uno plantea retos claros, bien definidos, con un incentivo específico… sí se puede lograr que esto del “crowdsourcing” que muchos cuentan sea una realidad, y no un hecho aislado, una historia para repetir en conferencias.

¿Sabríamos proponer un reto de este tipo para ayudar a nuestras empresas?

22
May

Encuentro en Periodista Digital un comentario en torno a la postura de los editores de prensa frente a los agregadores, a quienes acusan de estar socavando sus -ya de por sí escasos- ingresos publicitarios en la red.

El caso concreto con que lo ilustran es el discurso de Pedro J Ramírez en un acto de Google, tal vez motivado por el anuncio de que Google News va a incorporar publicidad en su versión americana. Y claro, viendo las barbas del vecino, ponen en remojo las suyas.

El caso es que los editores de prensa se suman a los de libros para intentar arañar parte de los ingresos de un Google que, por otro lado, sigue sin rentabilizar demasiado nada que no sea el buscador. Es decir, que en el fondo es como si los editores pretendieran compartir las pérdidas que originan Youtube u otros de los productos de Google que no son rentables.

Probablemente no sea muy popular hacerse esta pregunta, pero … si la gente ha dejado de leer periódicos y mirar la televisión porque prefiere otras cosas, ¿no será mejor dedicarse a esas otras cosas que la gente desea en lugar de intentar dar con alguien que pague nuestros problemas?

Que yo sepa, los copistas de los monasterios no demandaron a Gutenberg porque les dejara sin trabajo. Ni las orquestas de los teatros a los estudios de cine por incorporar el sonido. Aunque quizá eso se deba a que no se habían inventado los sindicatos de copistas, ni el lobby de orquestas … ni los gobiernos “sensibles” a esos problemas.

21
Abr

Noticias autoexplicativas

Escrito el 21 Abril 2009 por Julian de Cabo en Contenidos / Content, Internet, New Media / Nuevos Medios

20- Abril – 2009 Cotizalia.com

Telefónica corta el móvil a los directivos de Prisa por falta de pago.

21 – Abril – 2009 Cinco Días

Telefónica es la operadora más cara en la velocidad media de ADSL

HSBC recorta el precio objetivo de Telefónica

21 – Abril – 2009 El País

Telefónica da la banda ancha más cara de los antiguos monopolios europeos

¿De verdad alguien cree que se venden menos periódicos por culpa de Internet?

23
Feb

No sé si conocen la novela de Jardiel que tiene como título el que tomo prestado para el artículo. Pero encaja bien con un libro que no es más que una sátira sobre las consecuencias de la incipiente liberación de la mujer en los años 30 del siglo pasado. Lo que seguramente hoy sea menos conocido es que Jardiel embroma con el título a quienes creían en la leyenda medieval de Santa Úrsula y sus 11.000 vírgenes.

Y el caso es que me empieza a pasar como a Jardiel. Que aunque sea con temática distinta, empiezo a sonreír cada vez que leo que tal o cual empresa tiene como nueva religión la “orientación al cliente”.

La última vez que acabé metido a fondo en este tema fue con ocasión de una charla con un amigo de donde saqué el corolario de la historia del león y la gacela. Hoy que tengo más tiempo, cuento el episodio entero.

Eso sí, como se dice el pecado pero no el pecador, cuento la historia sin protagonista, a quien describiré como un ejecutivo del sector que conoce a fondo la publicidad y con quien charlé largo y tendido el día “del rumbo que debe tomar la gacela“.

Mi interlocutor venía asustado porque -literalmente- había comprado todas las revistas importantes que conocía, y a su juicio el volumen de publicidad era ridículo. Y eso era sólo “el mundo del print”, como lo llama la gente del sector, porque según me contaba, portadas como la de Vasile en Expansión hablando de crisis galopante en la TV eran aún peor presagio … “y eso sin la que se liará con el apagón analógico”, remataba. Y al final de su exposición describía el conjunto de su ansiedad con una sóla pregunta global … “¿quien crees que se va a llevar el gato al agua en un mundo donde contenidos y canales de distribución están cambiando tan rápidamente?”

Y la verdad es que no tengo una respuesta concreta y definitiva, pero pero sí alguna idea que creo que puede ayudarnos a entender lo que sucede. Creo que una de las cosas que explican bien la actual situación es que -de entre los jugadores que buscan ganar la partida- sólo unas pocas empresas tienen de verdad una relación directa y casi personal con el cliente final. Cosa especialmente importante en un momento en que el cliente final está tan o más perdido como la industria, debido al aluvión de posibilidades que se le ofrecen.

Y ante este panorama, muchas llevan toda la vida diciendo que no hacen productos sino que atienden cliente, pero sólo dos parecen haberlo logrado por completo. Y esas dos empresas son tan aparentemente diferentes como Amazon y Apple.

Puede que en la versión 1.0 del mundo hubiéramos pensado en ellas como un librero y un fabricante de ordenadores. Pero hoy son algo muy diferente: son alguien con presencia en una red desde donde alcanzan a cualquiera potencial cliente que desee “algo digital”, y donde han ganado una reputación sólida de confiabilidad.

Ni siquiera creo que Google tenga una posición así. Google es un magnífico enrutador de búsquedas, pero no conoce a sus usuarios finales, o al menos no los conoce “con permiso del propio usuario”, con lo que no tiene una relación de clientela con ellos. Y por si fuera poco, justo ahora cuando querría dar el paso, empieza  a tener un aura de “Gran Hermano” que no le beneficia para sus propósitos.

Todo lo contrario que una Amazon a la que dejamos que nos aconseje libros o a una Apple en la que confiamos para comprar música (u otros muchos contenidos digitales en otros países). Ambas tienen la tecnología para distribuir lo que deseen, medios de pago ya implantados, un aura de seguridad … y trabajan sobre dispositivos que hagan cómodo el consumo de contenidos digitales.

Honestamente creo que no hay otro jugador en la cadena de valor con tanto avanzado. Hay, por supuesto, jugadores a quienes seguir porque cuentan con elementos importantes para intentarlo, sea su tecnología, su capacidad financiera o su control de las redes. Pero ¿alguna, además de estas dos, en la que todo el mundo confíe?

El tema daría para un análisis mucho más largo, pero se trata de provocar un poco. Que es Lunes y hay que despejarse. 🙂

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