Archivo de la Categoría ‘Internet’

9
Mar

Contrariamente a lo que pensamos, la elaboración de mitos no sólo se produce en la Grecia clásica. Cierto que a los antiguos griegos debemos la creación de algunos de los más universalmente reconocidos como la hidra de las siete cabezas o las musas. Pero no es menos cierto que la cultura popular sigue creando mitos en nuestros días para intentar explicar lo racionalmente inexplicable. Y entre ellos están el del butanero como alegoría del vigor físico, el vendedor de enciclopedias como paradigma del tesón, o -y éste es el que nos interesa hoy- el intermediario como ejemplo de la capacidad desmedida de crear riqueza.

Casi siempre, hay hechos lógicos que tienen que ver con la génesis del mito. Resulta complejo dar con los más remotos, pero no tan difícil hacerlo con los más recientes. En el caso del intermediario, creo recordar que entró en el imaginario colectivo de la mano de la primera crisis del petróleo, cuando se hablaba de la inflación (descubrimiento económico de aquel momento, equivalente a la actual prima de riesgo) y se buscaba a los perversos responsables de la misma (lo que sería, en la época, el equivalente a nuestros banqueros de inversión).

Y ahí contribuyó decisivamente Alfredo Amestoy con un programa en la TV de la época en el que, según creo recordar  (y perdóneme el lector la imprecisión, porque un servidor tenía sólo once o doce años), perseguía unas hortalizas desde el huerto de un honrado agricultor hasta el supermercado, donde el ama de casa pagaba un precio que nada tenía que ver con el que el productor había recibido. El intermediario era -huelga decirlo- el malo malísimo que había recargado enormemente el precio de aquellas berenjenas en su caminar del huerto al plato.

Hoy, tras años de vida y formación, tengo claro que existe algo que se llama “la distribución”, que aporta un valor real que debe ser retribuido. Aquel intermediario de Amestoy contruye hoy plataformas logísticas, monta cámaras de frío, paga controles de calidad, mueve flotas de transporte … es decir: se gana el derecho a retener una parte del precio de esa berenjena que finalmente consumimos. Puede que nos siga siendo menos simpático que el agricultor, que sigue asumiendo en el campo la dura maldición bíblica de ganarse el pan con el sudor de su frente, pero hace un trabajo que es importante y que alguien debe pagar.

Pero hoy tenemos otro tipo de sectores de actividad, que no tienen nada que ver con lo físico, y a los que -supongo- algunos llaman “industria” sólo por evitar parecer aún más etéreas de lo que en realidad son. Es el caso de la “industria cultural” o la “industria del contenido”. En ellas -pese a que cada vez hay menos “cosas” que transportar, almacenar o distribuir- siguen existiendo intermediarios. Que tienen aún más impacto en los precios finales que aquellos del programa de Amestoy. Basta mirar el porcentaje del precio que cobra el autor de un libro para darse cuenta de por qué Amazon encontró un lugar bajo el sol “desintermediando” en el mundo del papel; basta mirar lo que ingresa el cantante por cada CD para entender por qué iTunes se convirtió en la tienda de música más grande jamás explotada. Eliminando intermediarios innecesarios, los consumidores compramos hoy libros y discos más baratos que hace quince años.

Y nunca se han escrito más libros ni se ha hecho más música que en estos años. Y nunca ha habido un modo más eficaz de transmitir cultura que el que las redes digitales ponen hoy a nuestro alcance. Así que, como decía el título del mítico álbum de Supertramp … “Crisis? What Crisis?” De haberla, no es una crisis de creatividad, ni una crisis de desabastecimiento del consumidor, ni -en muchos casos- una crisis de caída de ingresos para quienes crean. Es una crisis de los intermediarios. Una crisis que afecta a quienes viven del modo puntual en que se han distribuído unos bienes (los culturales) durante una época histórica. Una crisis de los intermediarios.

Enlazando con el principio, puede que estemos viviendo el final de otro mito. Y siempre es triste que se nos caiga un mito. Pero del mismo modo en que los gobiernos no acudieron en socorro de los simpáticos vendedores de enciclopedias al salir la “Encarta”, ni nadie movió un dedo por el prolífico butanero cuando se montaron los gaseoductos desde el Magreb, no entiendo qué hacemos pagando entre todos a los intermediarios culturales para hacer más dulce su reconversión.

Lo cual cierra el círculo definitivamente llevándonos a uno de los pocos mitos perdurables en el tiempo: el del político que no se entera de nada. ¿Nos librará alguna vez alguien de ellos?

7
Feb

Acabo de volver de algo que va muchísimo más allá de la presentación de un producto. Si me apura el amable lector, creo que lo que he visto y oído va incluso más allá de la presentación de un concepto. Y a mis 48 años, con todo lo que he visto en este bendito mundo de la tecnología, soy consciente de que esto es mucho decir. Pero creo honestamente que la ocasión lo merece.

Los responsables de la compañía presentan Anfix como “El primer escritorio empresarial en la nube”, cosa que no deja de ser cierta. E incluso de tener su punto, por aquello de que nada hay de interesante hoy día en el mundo de las aplicaciones si salimos del entorno cloud computing. Pero creo que la propuesta de valor de Anfix va mucho más allá que la de ser un escritorio, y su interés supera con mucho el que estemos hablando de una empresa española.

Lo que nos presentaron Jorge Pascual y su equipo es un entorno de trabajo accesible desde cualquier navegador, perfectamente independiente de sistema operativo que el usuario desee emplear, y donde uno decide cuales son las herramientas que necesita emplear y las tiene disponibles en un solo click de ratón. En la presentación hablaron de “instalar herramientas en el escritorio” porque supongo que es el modo de explicarlo con facilidad, pero la experiencia de uso no tiene nada que ver con lo que entendemos por una instalación al uso: dentro del entorno Anfix, instalar es sinónimo de “decidir que la quiero tener disponible”. No hay tiempos muertos, no hay configuraciones, no hay preguntas esotéricas para angustiar al usuario. Simplemente hay una disponibilidad instantánea, incondicional y comodísima de la aplicación que necesitemos utilizar.

La aplicación que centró parte de la presentación fue la de facturación. Que entre otras características poco comunes, cumple con la normativa legal sobre generación y depósito de factura electrónica … además de ser capaz de importar datos desde Facturaplus, que es uno de los sistemas de más difusión en España hoy. Pero la cosa no queda ahí, sino que desde la misma aplicación el usuario tiene enlace -si lo desea- a información de solvencia sobre los potenciales clientes a través de un acuerdo con “Einforma” y muchas otras cosas más.

Hablando luego con Jorge, que también es profesor de IE Business School y buen amigo hace muchos años, me confirma que tras los 20 meses de desarrollo que han invertido, y despúes de una exhaustiva fase beta, están ya en producción y con un calendario de incorporación de aplicaciones muy ambicioso, que irán perfectamente coordinadas con la facturación.

Por si todo ello fuera poco atractivo, el modelo de negocio que proponen es completamente rompedor con lo visto hasta la fecha. Porque es gratis. Gratis el soporte técnico, gratis las licencias, gratis el uso de todas las aplicaciones sin otra limitación que 5 Gigas de almacenamiento (nadie ofrece más en el mercado), y gratis incluso el servicio técnico a través de un número 900. En opinión de Jorge, “no quieren hacer negocio con los problemas de sus clientes” y por eso no lo cobran. Sólo se paga `pr el uso del escritorio y las aplicaciones en caso de que un autónomo facture más de 50.000 euros al año, o una empresa supere los 12o.000. Y los precios son en torno a la décima parte de lo que se suele cobrar por algo así. Claro que si eres ONG, centro educativo o estás lanzando tu negocio, también es gratis. Como emprendedores que son, están dispuestos a apoyar a otros emprendedores.

Todo ello soportado en infraestructura de Acens, otra empresa española, con instalaciones completamente redundantes y un cumplimiento exquisito de los estándares de seguridad más exigentes.

Realmente, hay días en que uno piensa que igual este país termina saliendo adelante, y hoy es uno de ellos. Si tiene un rato, de una vuelta por http://www.anfix.com y dedique un minuto a registrarse, le aseguro que no quedará decepcionado.

19
Ene

Vivir de la #SOPA boba

Escrito el 19 enero 2012 por Julian de Cabo en Internet, New Media / Nuevos Medios

Nos dice la Real Academia que la segunda acepción de “sopa boba” es la de “vida holgazana y a expensas de otro”. Y la definición viene al pelo para entender lo que está sucediendo estos días con la disputa en torno a la “Stop Online Piracy Act”, popularmente conocida como “la SOPA”.

Por hacerles el cuento corto, se trata de algo que viene a ser como nuestra ley Sinde, pero con más peligro, puesto que contempla medidas más estrictas, y viene propuesta desde un país como Estados Unidos, cuyo peso en la red es mucho mayor que el nuestro. Tal vez, sin embargo, lo peor que tengan SOPA y Sinde sea lo mismo: que permiten cerrar páginas web sin previa autorización judicial. Que es tanto como decir que se cargan de un plumazo una de las mejores conquistas del ser humano: la libertad de expresión.

Y claro, visto lo duro de las medidas propuestas, lo primero que pensamos es que debe tratarse de proteger algo muy grande cuando se está dispuesto a sacrificar a cambio nada menos que el ejercicio de una de nuestras libertades básicas. Pero en cuanto se rasca un poco, es para echarse a llorar. Lo único que hay detrás es la protección de una industria en decadencia, que pretende seguir viviendo de intermediar entre los artistas y quienes consumimos sus obras. La sopa boba que unos pocos desean perpetuar.

Supongo que parte del problema lo tenemos en la formación de la actual generación de políticos, a pocos de los cuales se conoce actividad previa a la de ser profesionales de la política. Un perfil que poco tiene que ver con los líderes del pasado a quienes debemos nuestros actuales derechos. Porque, por extraño que pueda sonar desde nuestra mentalidad actual, hubo una época en que Europa fue dirigida por personas que tenían un programa de cambio para la sociedad y creían en un futuro que deseaban para ellos y sus conciudadanos. Políticos que pueden ser discutibles hoy, pero cuyo legado permanece porque miraban hacia delante y no hacia atrás. Doscientos años después seguimos leyendo a Montesquieu por discutible que resulte con nuestros ojos del siglo XXI. Porque sus obras son básicas para entender lo que hoy somos; mucho más que la revista de aquel vicepresidente que quiso enterrarle y del que nadie hablará a la vuelta de veinte años.

Internet es algo muy serio. Algo en torno a lo cual estará nuestro futuro, si es que queremos tenerlo. Algo que, efectivamente, tiene que ver con la cultura. Con la pasada y con la futura. Porque, aunque muchos de nuestros dirigentes lo ignoren, en la red igual encontramos las obras de Manrique que propuestas interesantes sobre la configuración de la sociedad del futuro. Pero poco partido podremos sacar de la red sin entenderla, sin saber lo que aporta, y haciendo de ella un vehículo más para la propaganda.

Me encantaría ver a nuestros políticos mirando al futuro, generando programas que garantice que la red siga siendo un espacio de libertad, de intercambio cultural y de prosperidad económica. Desde luego sería mucho mejor que seguir dejándose engañar por intereses del pasado que los harán pasar a la historia como los bobos de la sopa.

22
Jul

Me persiguen las macizas

Escrito el 22 julio 2011 por Julian de Cabo en Contenidos / Content, Internet, New Media / Nuevos Medios



Como he contado en entradas anteriores, el destino me ha llevado a abrir mi cuenta de Twitter, que hasta hace bien poco estaba cerrada y, en tal condición de “clandestinidad”, reservada a personas que me conocían y que tuvieron la curiosidad de buscarme activamente para pedirme el contacto.

Estaba así porque me servía sólo para seguir a unas 40 cuentas interesantes. Pero desde que la he abierto, y sólo como consecuencia de una mesa redonda, el número de mis “seguidores” es ya mayor que la lista de seguidos. Concretamente 63 al momento de escribir esta crónica. Entre ellos se siguen encontrando alguno de mis hermanos, mi hija mayor (que espero que no se chive a su madre de lo que estoy escribiendo), compañeros de trabajo y antiguos alumnos. Pero recientemente, a estos grupos se ha sumado una categoría de seguidoras complemente inesperada: la de las macizas anónimas.

Esto es como lo de la botella medio llena o medio vacía. Se puede ver como que son sólo tres, o se puede valorar que mis tres macizas representan casi el 5% de mis seguidores. Que a punto de los 48 años y quedándome calvo a marchas forzadas, es un motivo para salir de la cama más contento cada día. Conste que sigo enamorado de mi mujer y felizmente casado, pero … ¿quien no se alegraría de ser seguido por @ginajdritz, @danitahbenn o @shelliesiisaacs?

Lástima que se trate de macizas mudas, porque no se les conoce un tweet. Pero al fin y al cabo, ¿qué más da? Lo único que me tiene mártir ahora es … ¿y podría yo meterlas a las tres en un círculo de Google+ para presumir con los amigos?

12
Jul

Encontrando el límite a los círculos en Google+

Escrito el 12 julio 2011 por Julian de Cabo en Internet

Pese al tiempo que llevo involucrado profesionalmente con Internet, confieso que no me termino de encontrar cómodo con las redes sociales. Debí ser de los primeros usuarios de LinkedIn, no tardé mucho en abrir cuenta en Facebook, y mantengo larvadas otras cuentas en varias redes, que prácticamente ignoro.

Puede parecer extraño pero, vistas las experiencias previas, me resistí a Twitter como gato panza arriba y mantuve el perfil como privado hasta que hace tres semanas lo abrí como canal de retorno para la moderación de una mesa redonda. El resultado ha sido toda una sorpresa para mí: desde entonces tengo más seguidores que gente a la que sigo … y a la mayoría no los conozco de nada.

El fenómeno, que ya me tenía pasmado, vuelve a repetirse con Google+: hace sólo unos días que ando por ahí, y ya estoy a punto de conseguir que mi círculo más poblado sea aquel donde clasifico a las personas que me piden un contacto sin que las conozca de nada … cosa que me produce un profundo desaliento.

La sensación no es nueva, ni exclusivamente circunscrita a mi “yo digital”, conste. Habiendo sido profesor durante veinte años, asumo como normal que me conozca mucha más gente de la que soy capaz de recordar. De hecho, he vivido más de un episodio lamentable gracias a la combinación de mi mala memoria y la amabilidad de mis antiguos alumnos. Pero saber que “esas cosas pasan”, no me exime de pasarlo mal cuando defraudo a alguien que se me acerca con cariño a saludar y cuyo recuerdo es borroso.

La otra cara de la moneda es que, aunque me da vergüenza cometer la descortesía de “ignorar” a desconocidos que quieren “seguirme”, la acumulación de sus mensajes en mi página inicial de Google+ empieza a convertirla en una sucesión de mensajes cuyo interés es muy dispar y me resulta difícil de seguir. Y los benditos círculos no ayudan demasiado a controlar esto.

La solución sería sencilla: permitir una “selección múltiple de círculos”. Es decir: que no sólo pudiéramos optar entre el cacofónico “Novedades” o uno sólo de los círculos. Porque una es muy amplia, pero la otra es demasiado restrictiva, así que lo ideal sería una lista para poder decidir qué círculos deseamos tener activos al mismo tiempo.

Habría otra alternativa: crear un círculo ficticio donde poner a todos los contactos excepto los más “ruidosos” y seguir sólo lo publicado por los miembros de dicha lista. Pero gestionar eso sería un auténtico infierno cuando crezca a varios cientos de personas … a no ser que se permitiera crear círculos a base de añadir otros círculos. Así crearías sencillamente un círculo “A seguir” que incluyera a tu familia, amigos y cualesquiera otros miembros de un círculo que desearas tener activo en tiempo real.

¿Se nota que empiezo a verle limitaciones al sistema? Pues cualquier sugerencia será bienvenida.

Y, seas quien seas … ¡¡gracias por estar ahí y compartir conmigo tu tiempo!!

8
Jul

Gestión de personas en 3D

Escrito el 8 julio 2011 por Julian de Cabo en Internet

Hace unos días recibí una invitación de Enrique Dans para probar Google Plus. Confieso que, pese a ser amigos hace muchos años, no siempre comparto el entusiasmo de Enrique por todas las novedades que van llegando en esta llamada “web social”. Pero en este caso, vistos los sucesivos fracasos de Google en el intento de crear una red competitiva, me di de alta y he dedicado algunos días a probarla.

Y el balance no es malo, la verdad. Sigue siendo pronto para saber qué éxito tendrá en comparación con otras alternativas, pero creo que tiene novedades que pueden valer la pena.

La que más me ha llamado la atención es que parece que, por primera vez, alguien se plantea que lo que hay detrás de una red social son personas. Y que cae en la cuenta de que las personas tienen muchos más matices de los que permiten las dos dimensiones del muro de Facebook.

Me refiero a que sobre el fondo blanco del dichoso muro nos caen a borbotones todo tipo de cosas de procedencias dispares, de importancias diferentes, y que al final terminan por hacer que pierdas el interés que la herramienta despertó en ti inicialmente, cuando dedicaste unas horas a buscar antiguos compañeros de colegio, amigos del trabajo o familiares a los que no ves con la frecuencia que quisieras. Por restrictivo que seas en aceptar altas, resulta casi inevitable que, al cabo de un tiempo, tu grupo de contactos (me niego a hablar de amigos) se haya convertido en una feria donde no siempre reconoces a quien te escribe y -lo que es peor- termines por no reconocerte a ti mismo.

Tampoco las redes profesionales están exentas de problemas. Con un poco de mala suerte, seguro que has vivido la experiencia de algún conocido remoto que te piden una recomendación que no te sientes en condiciones de dar … y te habrá tocado pasar el mal rato de tener que explicarle amablemente las razones por las que no piensas avalar a quien no conoces con la suficiente profundidad.

Supongo que parte de estas reflexiones son las que mueven a Google a presentar una red donde el usuario puede predefinir ámbitos de comunicación diferentes con los llamados “Círculos”. Un círculo es un grupo de personas a las que el usuario de la red agrupa por un criterio determinado, para poder tratarlos de manera homogénea. Se pueden usar para compartir determinadas cosas con unos y no con otros, manejar la privacidad en función de cercanía o lejanía a cada grupo, e incluso incluir a determinados contactos en varios círculos de manera simultánea porque encajen en distintos ámbitos de actividad.

Tal vez no sean una solución definitiva, pero recuerda más al modo en que cada uno de nosotros gestiona su vida real. Hay cosas que cuentas en público, otras que reservas a los amigos, otras que quedan para tu familia, y otras que son sólo para ti mismo. Y no necesariamente en “modo cebolla” a base de círculos concéntricos, sino de manera más tridimensional, estableciendo conjuntos que se solapan parcialmente entre sí.

Falta por ver qué eficacia tenga el modelo propuesto por Google cuando la red se abra al público por completo, pero hay que admitir que el punto de partida no es malo.

13
Oct
28
Sep

Netflix y el crowdsourcing

Escrito el 28 septiembre 2009 por Ricardo Pérez Garrido en Contenidos / Content, Innovación / Innovation, Internet, New Media / Nuevos Medios

De Netflix ya he hablado en otras ocasiones. Me interesa su modelo de negocio basado en simplificar el proceso de decisión en la selección del cine que quieres ver, y además combinando baja tecnología (te llega el DVD a casa) con lo más rompedor (tienen ya un servicio de video bajo demanda con miles de títulos y muchos más miles de suscriptores, acuerdos con TIVO…). Millones de clientes y números negros, un beneficio neto de 84 millones de dólares, frente a las grandes pérdidas del gigante Blockbuster, que ha perdido el pasado año casi 375 millones de dólares, facturando cuatro veces más… Es un ejemplo fascinante de cómo un modelo de negocio puede romper una industria y producir beneficios espectaculares. Su clave está en el sistema de recomendación de películas. Las películas que recomienda el sistema reciben calificaciones casi un punto superiores a las que la gente elige directamente (en una escala de 5 puntos, es muy significativo). Y quieren mejorar. Son tan listos que han decidido que seguramente no son los que más saben en el mundo de sistemas de recomendación y han pedido ayuda.

La historia es muy conocida: ponen a disposición de todo el que esté interesado datos anónimos de unos cientos de miles de clientes, con sus recomendaciones y gustos, con sus ratings y todo su historial con la empresa. Piden ayuda y ofrecen un premio: un millón de dólares al que consiga mejorar el sistema de recomendación de netflix en un 10%. Pues bien, hace unos días han entregado el premio. Lo fantástico viene en las consecuencias que esto puede traer. Intentaré apuntar algunas de las que me parecen interesantes, aunque seguro que se os ocurren muchas más:

– La primera es que de hecho aumentan la calidad de sus recomendaciones, que está en el centro de su modelo de negocio y que es realmente lo único que les permitirá sobrevivir cuando la transición a video bajo demanda sea una realidad en el mercado.

– La segunda es que han conseguido captar la atención de muchos equipos de investigadores, que estarán encantados de trabajar en el siguiente reto que la empresa les ponga. Recordemos que los primeros ganaron por unos minutos solamente y por unas décimas solamente.

– La tercera es la publicidad gratuita que les ha generado, apareciendo en cientos de medios, fantástico para los clientes y posibles nuevos empleadoes.

– La última es un mensaje claro a los mercados: quieren seguir siendo los mejores. Y recordemos que este reto lo lanzan en un momento de crisis para la industria, y de beneficios y crecimiento para ellos… espectacular.

Lecciones para los demás mortales: si uno plantea retos claros, bien definidos, con un incentivo específico… sí se puede lograr que esto del “crowdsourcing” que muchos cuentan sea una realidad, y no un hecho aislado, una historia para repetir en conferencias.

¿Sabríamos proponer un reto de este tipo para ayudar a nuestras empresas?

8
Jul

Sistema Operativo para Google

Escrito el 8 julio 2009 por Ricardo Pérez Garrido en Innovación / Innovation, Internet

Por fin se ha anunciado. Google va a lanzar un sistema operativo. Y además con el mismo nombre de su navegador web, reforzando el mensaje de que se trata de un SO para la red. El momento en que llega es, como siempre, interesante. Windows 7 se anuncia después de verano, como la tabla de salvación para Microsoft. Y mientras Chrome OS empieza ya a tener vida para los desarrolladores y está concebido para ser lanzado en netbooks a mediados de 2001. Pero todo esto está ya en la nota de prensa de Google. Perdón, me he equivocado, es un post de su blog de desarrolladores. Bueno… es lo mismo en realidad. Enrique también ha dejado su opinión, en la línea de las prestaciones y la concepción de los netbooks+conectividad.

Lo interesante del tema es que pone un ladrillo más en la estrategia de plataforma que está siguiendo Google para los distintos puntos de acceso a sus servicios. Y con la filosofía de simplicidad, puede cambiar el juego en este tipo de cacharros. Sea cual sea la evolución de los netbooks, está claro que se abre otra carrera tecnológica basada en funcionalidad y usabilidad más que en bondades técnicas. Y recordemos que en la que se está librando ahora en móviles parece que Apple es ganadora y Google todavía no termina de ganar tracción.

Lo divertido del tema es que todo el mundo está trabajando para ser los que gestionan la capa de los cacharros más cercana al cliente y a sus emociones (su contacto con las aplicaciones), para intentar llevarse en el camino algo de los casi obscenos ingresos publicitarios que está amasando Google y que no dejan de crecer a pesar de la crisis.

En cuanto esté disponible más información y algún tipo de beta habrá que probarlo, claro… seguro que marca tendencia. Y a ver cómo de distitinto es de lo que hace Apple.

Actualización: la noticia ya está en la portada del Financial Times Online

22
May

Encuentro en Periodista Digital un comentario en torno a la postura de los editores de prensa frente a los agregadores, a quienes acusan de estar socavando sus -ya de por sí escasos- ingresos publicitarios en la red.

El caso concreto con que lo ilustran es el discurso de Pedro J Ramírez en un acto de Google, tal vez motivado por el anuncio de que Google News va a incorporar publicidad en su versión americana. Y claro, viendo las barbas del vecino, ponen en remojo las suyas.

El caso es que los editores de prensa se suman a los de libros para intentar arañar parte de los ingresos de un Google que, por otro lado, sigue sin rentabilizar demasiado nada que no sea el buscador. Es decir, que en el fondo es como si los editores pretendieran compartir las pérdidas que originan Youtube u otros de los productos de Google que no son rentables.

Probablemente no sea muy popular hacerse esta pregunta, pero … si la gente ha dejado de leer periódicos y mirar la televisión porque prefiere otras cosas, ¿no será mejor dedicarse a esas otras cosas que la gente desea en lugar de intentar dar con alguien que pague nuestros problemas?

Que yo sepa, los copistas de los monasterios no demandaron a Gutenberg porque les dejara sin trabajo. Ni las orquestas de los teatros a los estudios de cine por incorporar el sonido. Aunque quizá eso se deba a que no se habían inventado los sindicatos de copistas, ni el lobby de orquestas … ni los gobiernos “sensibles” a esos problemas.

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