18
Jul

“Sé tratar todo tipo de noticias, y si no las hay, salgo a la calle y muerdo a un perro”.

Dicen los que saben que esta frase, escrita por el maestro Billy Wilder para “El gran carnaval”, tiene una base real. Según parece, fue Charles Anderson, Director del New York Sun, quien a mediados del siglo XIX dijo que si un perro muerde a un hombre no hay noticia, pero si un hombre muerde a un perro sí.

Supongo que el lector, como me sucede a mi mismo, habrá escuchado mil variantes de la misma idea a lo largo de los años. Y que incluso se habrá reído con alguna comedia sobre la profesión periodística en que los protagonistas no andaban lejos de morderle al perro. Es complicado olvidar a la pareja Jack Lemon – Walther Matthau cuando en “Primera Plana” escondían a un preso fugado dentro de un escritorio de persiana para asegurarse de que nadie quitara la exclusiva al “Chicago Examiner”.

Pero lo que estábamos lejos de anticipar es que sucediera algo tan poco divertido como lo que vivimos estos días en torno al cierre de “News of the World”, el procesamiento de Rebeca Brooks y la comparecencia de Rupert Murdoch ante el Parlamento británico tras la dimisión del comisario jefe de Scotland Yard.

Se han hecho muchos análisis sobre las consecuencias de estos hechos. Y más que se harán, sin duda. Pero desde mi perspectiva, lo peor que tiene todo esto es que nos reafirma en la impresión de que la prensa ha perdido por completo el carácter de contrapoder que justificaba su existencia. Malo es que hayan mordido al perro, pero peor que lo hagan engañando al ciudadano que les da de comer.

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