Me ha gustado mucho el tÃtulo del la nota publicada en Forbes.com sobre la emergencia de un sistema nervioso para la sociedad basado en la comunicación y la participación. El tema se ha tratado desde muchos puntos de vista, con los -ya clásicos- ejemplos de la campaña de Obama o los atentados de Mumbai. La realidad es que hay toda una generación que no solo asume que participar y compartir es la forma normal de actuar en sociedad, sino que ya ha sustituÃdo de hecho las tribus locales a las que todos pertenecemos -grupos con los que nos identificamos por diferentes razones- por otras globales.
El impacto de estos cambios solo se está empezando a sentir. Ayer mismo hablaba en clase sobre el distinto uso que hacemos de herramientas como Facebook. Mientras los alumnos a los que les preguntaba -más jóvenes- citaban usos relacionados con lo cotidiano, lo mÃo es mas una agenda para conectar con gente con la que no me veo normalmente. Incluso un porcentaje alto reconocÃa consultar y actualizar sus perfiles desde sus móviles. Esto último, la movilidad, va a dar la siguiente vuelta de tuerca al fenómeno del “yo digital” como inseparable del yo social, algo que es un fenómeno totalmente nuevo y que solo parcialmente se habÃa producido hasta ahora. Los retos son varios. El primero social, entender este comportamiento como normal y asociarlo a cómo se proporcionan desde noticias hasta oportunidades de participación en una democracia más abierta y participativa. Por el lado de la empresa, conseguir entenderlo y flexibilidaz aún más herramientas de colaboración y jerarquÃas. Bueno, el último es no quedarse demasiado atrás. El riesgo de volverse un analfabeto social para las nuevas generaciones es cada vez más alto. No porque antes no sucediese, sino que ahora directamente uno se queda fuera de los circuitos y los canales preferidos por los jóvenes. Mas o menos como siempre, pero trasladando lo social al plano digital.


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