Denominamos red social a una gama de refinados instrumentos de tortura cuyas utilidades abarcan desde ligar y/o hacer el indio (en este caso se conocen como redes sociales personales) hasta ser molestado por desconocidos que pretenden incordiar a nuestros amigos (éstas se denominan redes sociales profesionales), pasando por otras cuya función es destrozar nuestra agenda electrónica duplicando sus contactos y/o cambiando aleatoriamente las fechas de los cumpleaños de la gente a la que apreciamos.
Por alguna razón que se me escapa (probablemente se trate de una razón 2.0), esta amalgama de cosas ha recibido no sólo la unánime atención de los comentaristas, sino el consenso de los analistas en cuanto a que deberÃan ser seguidas con atención. Creo que en esto último sà estoy de acuerdo; hay que estar atento para que nos enreden lo menos posible.
Porque no sé si a nuestros amables lectores les pasa igual, pero para mà está por llegar el momento en que estas cosas me reporten algún tipo de utilidad real. Lejos de ello, su proliferación ha hecho que pase de mirarlas con curiosidad a tener que gestionar el aluvión de peticiones y comunicados absurdos y/o intrascendentes que recibo de aquellas en las que cometà el error de apuntarme.
Después de pensar en ello un rato, creo que parte del problema está donde siempre: en que se trata de instrumentos concebidos desde la oferta y no desde la demanda. Están pensados para que una empresa venda publicidad segmentada y no tanto para intentar dar una respuesta de conjunto a una serie de necesidades que sà existen en muchos de nosotros, como la de mantener nuestros contactos al dÃa, la de poder conectar con facilidad con nuestros conocidos con independencia de dispositivo y lugar, o la de ayudarnos a recordar con sencillez información sobre gente que nos interesa, sin molestarles.
En fin, que cada vez tengo más la sensación de que falta mucho por hacer para que las redes sociales cumplan con la promesa que nos hacÃan … y la esperanza de que no me den mucho más la lata mientras se ponen de acuerdo en cómo hacerlo.


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