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Sep

Una moral para Matrix

Escrito el 26 septiembre 2007 por Julian de Cabo en Internet

Hablando con un amigo del mundo audiovisual, me definió el futuro “Second Life 2.0” como una beta de Matrix. Y debo reconocer que me quedé un poco más sorprendido de lo habitual.

Con independencia de que en Second Life no sea oro todo lo que reluce, y de que probablemente estemos asistiendo al fin de su principio más que al principio de su fin, no deja de ser un escenario interesante donde suceden cosas que no pasan desapercibidas.

Como tampoco pasa desapercibido el éxito de los juegos masivos en línea. Ayer estuve charlando con un periodista de prensa económica sobre Blizzard y los nueve millones de jugadores con que cuentan ya en World of Warcraft.

Curiosamente tal vez sean cara y cruz de una misma moneda o tengan fortalezas y debilidades contrapuestas. Warcraft es divertido casi desde el principio y siempre hay gente y cosas que hacer, mientras que Second Life peca a veces de exceso de soledad y complejidad.

Pero tan betas de Matrix son uno como otro probablemente, y ambos constituyen auténticos ecosistemas para vidas en paralelo donde las reglas que conocimos se vuelven difusas. ¿Estaremos obligados a crear una moral para Matrix? ¿Será diferente de la actual? ¿Acabaremos extendiendo las mismas reglas de la vida real en la medida en que nuestra implicación con los mundos virtuales se haga más constante y profunda?

Interesantes tiempos los que se nos vienen encima, sin duda.

Comentarios

Javier 26 septiembre 2007 - 13:09

Para mi, cuando juego a un juego virtual, no estoy en el mundo real, ya que estoy YO, no otro, y me comporto como yo quiero. Por eso en los mundos virtuales nos comportamos como, .., como somos.

¿Afecta nuestro comportamiento en el mundo virtual en el real? yo no tengo ninguna duda, aunque no quiera decir que copiemos todas nuestras actividades en un mundo en el otro (ni nos estrellamos con los coches, ni matamos a todo lo que se mueve, …, pero aprovechamos las habilidades adquiridas en estos mundos. Muestra de ello son los nuevos métodos de selección de personal comentadas en post anteriores.

Es igual que la teoría de que el aleteo de una mariposa puede provocar un maremoto en la otra parte del mundo.

Pero, una vez visto esto: ¿cuanto afecta? ¿En qué medida? ¿Cómo lo podemos medir?

Julian de Cabo 27 septiembre 2007 - 09:33

Lo de la mariposa me ha matado un poco, Javier. 🙂

Si que me preocupa lo que empezabas comentando, sobre la medida en que las distintas facetas de una persona son compartimentables o no. Claramente estaría el caso extremo de determinadas patologías a las que el juego online puede darles una puntilla. Pero no voy a los extremos sino al común de los mortales, y a las relaciones que deban existir o no entre lo que le sucede dentro del juego y fuera de él.

Un ejemplo simple pero curioso fue lo sucedido a un jugador de élite americano en un juego online en que yo participaba. Se le identificó haciendo trampas en un servidor público (nada que ver con una competición oficial con su grupo) y se le expulsó del clan con tal nivel de deshonor que nadie más quiso ficharle nunca.

Es un ejemplo muy elemental, pero imagina ahora que pillan a un tipo engañando a un novato en World of Warcraft para quedarse con el oro “interno” del juego … que puede tener una valoración económica. ¿Eso qué es? ¿A quien afecta? ¿Quien lo persigue? ¿Donde?

Son temas que parecen lejanos pero creo que no lo son.

Wilhelm Lappe 1 octubre 2007 - 19:06

gran frase “al fin de su principio más que al principio” creo que estamos asistiendo al principio de una nueva forma de interactuar… desde luego nos queda mucho por ver, pero ya se pueden hacer cosas realmente interesantes.

Julian de Cabo 1 octubre 2007 - 23:34

Cierto, Wilhem, pero es incluso pobre lo que nos ofrece SL con relación a otras formas más ricas en matices que pueden obtenerse por fuera de su espacio. Tal vez el mérito real de los chicos de Linden sea su relativa “agregación” en una sóla personalidad que se mueve en un entorno unificado.

¿Es mucho o es poco?

A ratos ni lo sé.

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