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Jun

La del pirata cojo

Escrito el 7 Junio 2007 por Julian de Cabo en Internet

Sin que sea yo un gran fan de Joaquín Sabina, me pasa, como a toda una generación de españolitos, que algunas de sus canciones forman parte de mi vida. Supongo que si lo hacen es porque la letra se enganchó en mis neuronas por alguna razón.

A los efectos del comentario de hoy, le tomo prestado algo más que el título de una de las que recuerdo con frecuencia, que es “La del pirata cojo”. Dice así

(…)
Y como además sale gratis soñar y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas, a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel de todos los tipos que nunca seré.

Al Caponne en Chicago, legionario en Melilla, pintor en Montparnase,
mercader en Damasco, costalero en Sevilla, negro en Nueva Orleans.
Viejo verde en Sodoma, deportado en Siberia, sultán en un harén,
policía ni en broma, triunfador de la feria, gitanito en Jerez.
Tahur en Montecarlo, cigarrillo en tu boca, taxista en Nueva York,
el más chulo del barrio y tiro porque me toca, suspenso en religión.
Confesor de la reina, banderillero en Cádiz, tabernero en Dublín,
comunista en las Vegas, ahogado en el Titanic, flautista en Hammelin.

Pero si me dan a elegir entre todas las vidas yo escojo
la del pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo,
el viejo truhán, capitán de un barco que tuviera por bandera
un par de tibias y una calavera.
(…)

Si en vez de Sabina el texto fuera de Julio Verne, tal vez estaríamos imputándole ahora su capacidad de anticiparse a la llegada de “Second Life”.

De lo que no cabe duda es de que la necesidad de evasión del ser humano, que siempre ha estado ahí, se ha concretado de formas distintas a medida que evolucionaron nuestras posibilidades. Y que del abuso en cada momento tuvimos caricaturas como los Don Quijotes en los libros, los americanos enloquecidos con los marcianos en la radio de Orson Wells o como aquella Mia Farrow de “La Rosa Púrpura de El Cairo” que entraba en una película de la mano de un protagonista narcisista.

Tal vez lo que haga de esta nueva entrega algo radicalmente distinto es que lo que hasta ahora eran experiencias individuales y por un sólo medio, pasan a ser experiencias multimedia colectivas. Y cuando el pirata cojo estaba solo era más fácil hacerle ver que había un límite entre realidad y ficción. ¿Qué pasará cuando se enrole en una tripulación de cientos de piratas cojos que navegan por un Caribe que nunca existirá?

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