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Una de las cosas que se terminan por aprender en la gestión de la informática personal es que el feliz acto de compra de un nuevo ordenador termina siempre con un desagradabilísimo proceso de transferencia de información entre la máquina que se desecha y la que viene a ocupar su lugar.
Muchos de ustedes sabrán a qué me refiero: horas de aburrimiento supino (y a más aburrimiento más probabilidad de errores) dedicados a transferir datos y programas entre una máquina y otra. Un proceso que muchos hemos vivido muchas veces y que crece en angustia a medida que se incrementa la cantidad de datos transferida y la incertidumbre de si se está obrando correctamente o no. En los peores casos estamos hablando literalmente de días de trabajo con un resultado incierto. No sé si la sensación llega al punto de incidir negativamente en la venta de nuevo hardware, pero siempre que me toca pasar por ahí acabo preguntándome lo mismo: “si esto es lo que sufrimos los pretendidos expertos, ¿qué sentirá la gente normal cuando le toque hacer esto?”.
En esta línea de problemas y soluciones, lo que me resulta curioso comprobar últimamente es cómo muchos usuarios avanzados aplican técnicas de empresa para solventar en parte el problema, y despliegan en sus casas desde hardware de almacenamiento en red hasta verdaderos servidores compartidos de archivos. Cualquier cosa que les permita tener a salvo al menos los ficheros de datos.
Y si esta es la actitud del usuario doméstico, hay que reconocer que desde la industria se empiezan a plantear alternativas. Tan distintas como los “Media centers XP” que en el fondo son algo bastante parecido a pequeños servidores multimedia domésticos, los discos de red que se despliegan aprovechando la electrónica del ADSL, o mil gadgets más que empezamos a ver como oferta habitual en el canal de venta de electrónica de consumo. Todo un punto de partida, un síntoma o una tendencia, da igual como queramos llamarlo.
Aunque tal vez lo mejor de todo sea que para redondear el círculo, empezamos a encontrar propuestas para sacar la información de casa y dejar que sea otro quien se ocupe de su gestión. Al menos, en mi opinión, iniciativas como los correos con Gigas de capacidad, los almacenes específicos como Youtube o Google Video, los espacios gratuitos para bloggers, los calendarios compartidos o tantas otras propuestas como vemos aparecer a diario, no son más que modos de ir migrando hacia la red los datos que manejamos a diario con muchas de nuestras aplicaciones. A lo que últimamente, no lo olvidemos, se suman propuestas como las de procesadores de texto u hojas de cálculo donde incluso el software que genera los datos está alojado directamente en la red.
Visto de ese modo, hay al menos dos grandes propuestas de “Gran Almacén Digital” apoyadas por cada parte de la industria: los que quieren que sigamos gastando el dinero en llenar nuestra casa de nuevos cacharros, y los que nos proponen que confiemos en ellos para guardar toda nuestra información.
¿O a lo mejor todo ello es compatible si miramos a cinco años desde la óptica de un gran ancho de banda omnipresente?

Comentarios

Guzmán Salvador 6 Junio 2006 - 13:55

Y no digamos nada de la pérdida de control sobre la localización de los activos digitales personales… para una persona medio caótica como yo (y como el común de los mortales), a menudo mi cerebro me indica que tal o cual documento fue guardado en algún momento en algún cd (¿o era dvd?). ¿En cuál? ¿No estará todavía en el disco duro del equipo antiguo (el que cuando compré etiqueté como “gordito” porque tenía 40Gb)? Deben haber pasado por mis manos en casa (sin contar los equipos de oficina) unos 15 ordenadores, y otros tantos discos duros. A día de hoy “sólo” utilizo 3 y otros tantos HDs. En cada batida se suelen pasar los ficheros “importantes”… y se van quedando como basurilla toneladas de bytes por todas partes, descontroladamente. El problema es que entre medias se queda aquella foto del peque en el hospital cuando acababa de nacer o aquella primera rutina en Fortran que me valió un “9” en primer año de carrera, o, caramba, esto sí que duele, aquél back-up que hice de mi BBS hiper-configurada… 😉
¿Si Internet como gran respositorio es la panacea? Me temo que no, que aumentará más aún el follón, del mismo modo que aumenta la complejidad de directorios y basurilla digital a medida que compramos discos más gordos. Sólo que, además, en poco tiempo tendremos que recordar URLs, Usernames, passwords… no me extraña que algún día incluso aparezcan agregadores de sitios tipo delicious y googles personales que rastreen nuestra info dispersa por el mundo… qué curioso…

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