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Identidad y reputación

Escrito el 22 Junio 2006 por Julian de Cabo en Tecnologías convergentes / Convergent technologies

Una de las cuestiones que más recurrentemente aparecen mencionadas como inhibidores para el uso de la red en España es la de la seguridad. Creo que su aparición como inquietud se remonta a los primeros estudios sobre Comercio Electrónico que hacíamos desde la Asociación Española del ramo, allá por los años noventa y muchos. Que ya ha llovido desde entonces.

Desde ese primer momento de popularidad se han unido desde entonces los temas relacionados con la explosión de los virus, las vulnerabilidades de los navegadores, los comentarios en prensa general sobre gusanos, estafas, virus y así hasta el infinito. Nada de ello sirve demasiado como generador de confianza en la red, francamente.

Lo que no puedo situar con tanta precisión es el momento y el origen de la apuesta por el DNI digital o los certificados digitales como posible panacea contra esa sensación de inseguridad más o menos general y que se supone negativa para el desarrollo de la red. Pero no creo que sea menos negativa que todo lo anteriormente apuntado. Si no por nociva, sí por lo estéril.

Y el punto de partida es tan simple como que la seguridad, lejos de resultar un asunto objetivable, es un concepto relacionado con el mundo de las percepciones. Las cosas no son seguras o inseguras en sí mismas, sino que las percibimos como tales. Lo seguro o lo inseguro son sensaciones por completo subjetivas, que ni se crean ni se eliminan mediante elementos técnicos o listados de características tranquilizadoras ¿Creen ustedes que mi suegra paseará conmigo tranquila en una moto porque le diga que lleva un ABS de tercera generación e inyección electrónica?

Va a ser que no, como dice el del anuncio.

Pero puede que se monte más tranquila en esa moto si una amiga le cuenta que ya paseó en una moto similar y que le encantó. Subjetividad al cien por cien. Del mismo tipo que la que interviene en el comentario de hoy. El DNI o los certificados, sólo sirven para demostrar que alguien existe, y nada más. No añaden nada sobre su reputación comercial o personal. Por lo tanto, no son suficientes para crear una sensación de seguridad en casi nadie.

¿Conocen ustedes algún documento oficial que mida la reputación de una persona? Como mucho tendríamos acceso a los registros de morosos o de antecedentes penales, que sólo valen para tener la certeza de estar fuera de los casos de “no reputación” más extremos.

De momento, y como pasa casi siempre, sólo los sistemas privados establecidos por las grandes empresas como Amazon, Ebay, etc., han servido de algo en cuanto a generación y medición de la confianza que merece una persona o entidad. Y no se basan en sofisticadas tecnologías de encriptación, sino en algo tan simple como la opinión de otras personas. No es tanto tecnología como la misma vieja idea de “El Corte Inglés”, sólo que más radical porque está medida por los compradores: “si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero”.

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