Supongo que lo de revisar papeles en el despacho es un deporte de riesgo que no sólo practicamos los profesores. Hubo momentos en mi vida en que llegué a pensar que se reproducÃan, dada la fantástica capacidad de reaparecer de determinadas cosas que uno creÃa tiradas a la basura décadas atrás.
El caso es que en plena revisión de papelotes, apareció un clasificador de diskettes que debà dejar guardado en algún lugar de mi despacho con versiones antiguas de software que uno guarda “por si las moscas”. Y al abrirlo aparecieron reliquias como el Framework III original con el que empecé a dar clase hace más de una década, versiones 3.0 y 3.1 de Windows, e incluso una copia no sé cómo de legal de un programa maravilloso que se llamaba Harvard Graphics, con el que se podÃan hacer las mejores presentaciones gráficas que uno pueda imaginar.
De ahà a sentir la tentación de escribir un comentario sobre lo poco que hemos avanzado en una década va un camino corto. Pero como me lo pensé dos veces, llegué a la conclusión de que resulta más interesante mirar hacia adelante. Pero eso sÃ, con ese punto de partida, y habiendo mirado largamente el material que tenÃa en la mano, la pregunta que uno acaba por hacerse es ¿cómo de diferente puede llegar a ser ese futuro? Y a poco que se piense con detenimiento, la conclusión es clara: el futuro acabará siendo diferente de lo que conocemos hoy en algunas cosas, pero probablemente muy similar en otras.
Si hacemos el análisis desde la óptica de las aplicaciones ofimáticas es difÃcil pensar que veamos muchos cambios. Llevan años de evolución, y es difÃcil que puedan añadir alguna novedad relevante para una base de usuarios que lleva ya varias versiones sin usar ni una de las nuevas caracterÃsticas que justifican el cambio entre versiones. Algo parecido sucede con el sistema operativo, cuya utilidad real es desconocida para una buena parte de la generación actual de usuarios.
Otras categorÃas han hecho algo tan simple como desaparecer. O casi. A medida que el sistema operativo engordaba tragándose al compresor de archivos, al analizador de discos y a casi todas las “utilidades” que usábamos hace una década. Aquellas PcTools o Norton Utilities son casi sólo un recuerdo en la memoria de unos pocos. Y la situación resulta un tanto paradójica: el sistema operativo engorda para desaparecer.
Sin embargo, es claro que hoy existen necesidades que no estaban presentes hace una década. Tal vez una de ellas sea precisamente algo que me ayude a clasificar y mantener ordenada una información digital que tiene ya un fondo de diez o doce años. O algo que me ayude a mantener la consistencia entre las “vistas de un mismo paisaje” que mantengo en mi móvil, mi PDA y mi Pc de sobremesa. O algo que me permita acceder cómodamente a mis datos allá donde estemos ellos y yo.
¿Les suena que algo de eso vaya a venir incluido en la “siguiente versión”?
La verdad es que a veces uno llega a creer que trabaja en el ámbito de “la divergencia”. Especialmente cuando contrapone los proyectos de parte de la industria con las necesidades de sus clientes.


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