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¿Cómo compiten los sistemas educativos?

Escrito el 31 Marzo 2006 por Ricardo Pérez Garrido en Educación / Education

Estos días las noticias sobre la competitividad en tecnología, en I+D, en patentes… se suceden en los medios. Detrás de todo este ruido están unos sistemas educativos con orientaciones muy distintas, con visiones de lo que debe salir de sus aulas y de qué deben ser los profesores e investigadores que marcan la capacidad de una nación para competir, entre otros, en un entorno de innovación tecnológica como el actual.

Otro de los temas recurrentes ultimamente en casi todos los foros es la innovación. Cómo ser creativos e innovadores en el trabajo, como crear y gestionar equipos innovadores, como encontrar talento y retenerlo. Dejando a un lado el hecho de que la mayoría de las veces estas afirmaciones se quedan en una bonita declaración de intenciones, el problema seguramente se arrastra desde el sistema educativo. ¿Tenemos un sistema educativo que fomente la creatividad, la innovación, el convertir una idea en algo real y recibir un premio a cambio? Probablemente la respuesta es no. Los mismos incentivos dentro del sistema universitario, que debería estar produciendo empresas, patentes, ideas, productos… hacen que aquellos que intentan ir por ese camino sean minoría. ¿Una solución fácil? Casi nunca existe. Para ir acercandose lo mejor es poner los medios para que aquellos que quieren hacer algo nuevo se atrevan, sin miedo al fracaso.

Se ha hablado de crear un Instituto Tecnológico Europeo al estilo del MIT en Estados Unidos. Lo dificil será replicar la relación de la empresa con la universidad: un entorno donde los proyectos están orientados a lograr patentes, mejoras reales en los métodos (procesos) que se emplean para hacer las cosas. Es un debate que implica no solo a los gobiernos y a sus políticas educativas, sino también a la actitud de las empresas a la hora de buscar recursos para aprender a hacer mejor las cosas, sin miedo al fracaso. Una de las características más sorprendentes de las universidades y empresas con más exito en innovación es su actitud ante el fracaso: no hay miedo, lo importante es buscar la solución, asumiendo que no siempre se acierta (al contrario). ¿Es esta nuestra actitud? ¿Es la formación que se defiende desde el sistema actual?

Las noticias de estos días deben preocuparnos no solo porque la escala de competitivad en I+D de España siga descendiendo, sino porque es un fiel reflejo del acercamiento a la innovación que se genera en una sociedad, en sus empresas y en los responsables de incentivarlas. Si el coste de mano de obra está dificultando competir en otra cosa que no sea conocimiento – llamémoslo diseño, innovación…- y el mundo es cada vez más plano, habrá que fomentar que los emprendedores, dentro y fuera de las empresas, tengan cada vez más importancia. Para ese papel, al menos en el sector de tecnología, la relación entre investigación, tecnología y desarrollo de productos habrá de evolucionar y dejar de estar en manos de agentes que no son capaces de entenderse. Un buen lugar para empezar puede ser el sistema educativo.

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