A lo largo del siglo XV, la Florencia gobernada por los Medicis, “sufrio” una extraordinaria explosión de creatividad. Desde el campo de la arquitectura hasta el pensamiento, la capital toscana sirvió como refugio a artistas como Miguel Angel o Leonardo, a arquitectos como Brunelleschi, o a pensadores de la talla de Maquiavelo. Las causas de esta inusitada fecundidad creativa e innovadora han sido denominadas el Efecto Medici.
La denominación de Efecto Medici fue propuesta por Frans Johansson en un reciente libro de ese mismo título The Medici Effect: Breakthrough Insights at the Intersection of Ideas, Concepts & Cultures, como una metáfora de la explosión de innovaciones disruptivas en lo tecnológico, lo económico y lo social.
Johansson destaca la importancia de la intersección en la explosión de innovaciones. Una intersección es un lugar donde se encuentras diferentes campos y culturas, posibilitando la aparición de nuevas ideas y oportunidades. Dentro de dicha intersección se combinan ideas de muy diversas procedencias, generando nuevas líneas de pensamiento y creatividad.
La clave para posibilitar esta mezcla es derribar las barreras asociativas que impiden pensar con la suficiente amplitud y limitan el aprovechamiento de la creatividad innata en el ser humano.
Precisamente la convergencia digital aporta un marco donde algunas de estas barreras se diluyen. Al hablar de convergencia de sectores, asumimos que es posible trasladar experiencias y modelos de un sector a otro. Al identificar convergencias en el uso de dispositivos, estamos afirmando que modos de uso en un contexto son útiles en otro, siempre y cuando conozcamos la realidad de ambos.
Desde el punto de vista práctico, el Efecto Medici nos alerta sobre los peligros de la sobre-focalización sobre la innovación empresarial. Y desde una escuela de negocios como es el Instituto de Empresa, nos debe alertan sobre la importancia de una educación lo más extensa posible que limite la progresiva cerrazón que a todos nos afecta cuando desarrollamos campos específicos de expertise. Y es que como se dice popularmente: “nadie sabe quién invento el agua, pero seguramente no fue un pez“.


Comentarios