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Nov

Offshoring

Escrito el 17 Noviembre 2005 por Julian de Cabo en Gestión de Tecnologí­as / IT Management

Otra de las palabras con las que resulta inevitable encontrarse últimamente en cuanto uno se mueve un poco en el mundillo de las TI y de sus gentes es “offshoring”. Y como casi siempre que se acuña una novedad, casi nadie sabe con precisión lo que significa, pero todo el mundo pone cara de estar en ello desde hace años.
Aunque a veces uno se tropieza con personas cuya solidez profesional da de sí lo suficiente como para decirte con sinceridad aquello de: “mira, Julián, ¿sabes por qué se le llama offshoring y no offshore?”, “pues porque todos decimos que lo estamos haciendo, pero casi nadie se anima en realidad”. Añadía mi interlocutor que lo más lejos que estaba dispuesto a llevarse el offshoring era a Alcobendas.
Demoledor, ¿verdad?. O al menos no parece concordar mucho con la visión de Arcadia feliz que nos pintan los que hablan en positivo del fenómeno.
Intentando hacer un balance ecuánime de ambos extremos, parece claro que una estrategia que contemple la gestión de parte de los sistemas en ese régimen presenta una primera gama de ventajas que son las asociadas al coste. Y probablemente también a la flexibilidad. Realmente, lo único que soy capaz de verle como diferencial con relación al outsourcing clásico es la posibilidad de asociarlo a temas de RSC intentando pasar negocio a países en vías de desarrollo.
En contra estaría fundamentalmente el pánico a la pérdida de control que implica, acrecentada en los casos en que el offshoring esté relacionado con desarrollos software de misión crítica. Pánico que no deja de tener su lado simpático, considerando las cosas que hemos visto con herramientas software aparentemente seguras y 100% certificado. Seguro que más de uno de mis lectores recuerda un simulador de vuelo incluido en un procesador de texto comercial y cosas por el estilo.
Y la consideración que no tanta gente se hace al evaluar el fenómeno es que en muchos casos, el código que se obtiene con contratos de ese tipo no es mucho más que una colección de algoritmos procedentes del dominio público chapuceramente ensamblados por personal de dudosísima cualificación.
Pero tristemente es casi seguro que el gestor encargado de supervisar los números del departamento de sistemas va a sentirse mucho más cómodo en ese epígrafe que si la misma cantidad va en otro.
Y es que, nos guste o no reconocerlo, el nuestro es también un mundo de modas.

Comentarios

Jaime Agudo 1 Diciembre 2005 - 18:49

El abaratamiento de costes asociado con un offshoring completo está provocando problemas serios en forma de retrasos o detrimento de la calidad a no pocas compañías de software norteamericanas.

Tanto es así que el caso que mencionas sobre tu interlocutor y su falta de disposición a alejarse de Madrid más allá de los límites de la M-40 no es ni mucho menos el único. El norte de México pretende convertirse en el “Alcobendas” de California y existe un proyecto muy avanzado de creación de un parque tecnológico para la industria de los semiconductores llamado “Silicon Border” y a solo dos horas de San Diego en coche
( http://www.siborder.com/ ).

Pero el colmo del “offshoring cercano” está ya en marcha desde hace algún tiempo y, dicho sea de paso, arrastrando gran polémica.

Se trata del proyecto “Sea Code” que consiste el fletar un barco-software-factory cargado de ingenieros asiáticos en aguas internacionales frente a la costa californiana. Sus creadores están tan orgullosos que incluso han acuñado (y registrado) un nuevo término como es el “Hybrid-sourcing (TM) – Bringing outsourcing closer”. Lo de híbrido parece ser que viene de la combinación de ingenieros y jefes de proyecto estadounidenses con ingenieros asiáticos que no pueden salir del barco y que son realmente los únicos que realizan un “offshoring” de su propio cuerpo y mente.

Sus creadores están tan orgullosos de su invento que mientras sus detractores les acusan de haber resucitado los “barcos esclavistas” ellos se defienden con argumentos tales como que “han devuelto a América puestos de trabajo y dólares que se habían ido”, aunque eso no es nada comparado con la comodidad que ganan los altos ejecutivos de Palo Alto al cambiar un vuelo a la India por un paseo de media hora en helicóptero para supervisar la producción

( http://www.sea-code.com/ ).

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