30
Nov

Con la esperanza de que el argumento valga de algo a nuestros lectores, haremos hoy un comentario rápido sobre el tema de la productividad, confesando que llega de la mano del enésimo comentario oído días atrás sobre el desfase entre el ritmo de nuestro país y los de nuestro entorno próximo.

Hay dos datos que merece la pena retener para tener clara una valoración de impactos. El primero es que, sin duda, la positiva evolución de la economía americana en sus últimos diez años viene dada por la intensiva inversión en tecnologías de la información. El segundo es que en nuestro país, el retardo en dichas inversiones trae en paralelo una caída sostenida de la productividad en los últimos años.

Pero lo que resulta particularmente curioso es ver de qué modo tan distinto se puso en duda el retorno de dichas inversiones en ambos países.

En USA, la tormenta la desató todo un premio Nobel (Robert Solow) con una frase demoledora. Cito de memoria pero creo recordar que era “vemos ordenadores en todas partes excepto en las estadísticas de productividad”. La respuesta vino de Erik Brynjolfsson (del MIT) con una afirmación -“la falta de una evidencia no es la evidencia de una falta”- que terminó siendo acompañada por un estudio de las empresas del Fortune 500 donde se demostraba una correlación positiva entre inversión en tecnología y rentabilidad. Fue el punto final de la cuestión, que acabó con cualquier duda que pudiera existir sobre el retorno de esas inversiones, y probablemente ayudó a que arrancara ese círculo virtuoso inversión-retorno que en nuestro país tarda en llegar.

En España, la puesta en duda ha sido más una cuestión de café a media mañana. Acostumbrados a no creer en nada, los españoles también optamos por no hacerlo en la tecnología. Sin más.

Pero por extraño que parezca, también ese mismo estudio se produjo años después. Sobre pymes en lugar de empresas del Ibex35. Pero para alegría de los que intervinimos, con el resultado de que se reproducía el comportamiento: cada peseta invertida tenía una rentabilidad anual de hasta un 75% dependiendo de tamaño de compañía y sector de activdad económica. Curiosamente un dato parecidísimo al 80% de máximo retorno observado por los profesores del MIT en la gran empresa americana.

Pero ahí termina el paralelo entre ambos países. Desde entonces en USA se apuesta por la tecnología digital como arma competitiva con el buen resultado que todos podemos ver, mientras que en España hemos optado por jugarnos el crecimiento económico a la tecnología analógica encarnada por el viejo y sólido ladrillo.

Quiera Dios que los hayan cocido bien para tener un margen mientras rellenamos la brecha digital.

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