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La segunda generación de Redes Peer to Peer

Escrito el 22 Septiembre 2005 por Julian de Cabo en P2P

Uno de los puntos de discusión recurrentes en el panorama tecnológico actual es el de los impactos que se derivan del empleo masivo de redes peer to peer en distintos segmentos de las industrias en convergencia.
En los últimos tiempos se ha convertido en un tema que transciende al ámbito estricto de la industria y salta como debate a los medios de comunicación generalistas, sin dejar indiferente a casi nadie.
Probablemente, parte de que hay detrás de todo ello es un cierto desajuste entre un modelo de propiedad intelectual/industrial pensado en una época de ciclos económicos más largos, y una economía basada en ciclos cortísimos de explotación, como es la actual.
Pero ese será otro tema para otro día. A lo que vamos hoy es a la segunda generación de redes que puede empezar a germinar, y a las consecuencias que puedan traer en el medio plazo.
Pensemos que la actual generación de redes P2P nace debido a la carencia de ancho de banda, y la necesidad de optimizar las descargas en una red. Por ello, parte de la solución pasó por eliminar la distinción entre servidores y clientes creando un nuevo modo de reparto de tareas que optimizaba las capacidades de transferencia.
Con el esquema actual, si queremos ver una película, el proceso es parecido a: busco, pido, espero, descargo y almaceno (pagando un canon por ello si lo hago en soporte óptico). El proceso lleva horas en el mejor de los casos, o días en el peor. Y sobre todo, requiere almacenar en local para garantizar que el flujo de datos al reproducir sea suficuente.
Pero a medida que las velocidades de transmisión se acercan al umbral necesario para mantener un “stream” de datos que permita ver cine u oir música sin descargar en sentido estricto, nos acercamos a un nuevo modelo donde en lugar de intercambiar ficheros, puede que sólo intercambiemos permisos para usarlos.
Si a eso añadimos que los almacenamientos se irán moviendo progresivamente hacia la red, podemos concluir que un escenario probable es el del primitivo videoclub: compro mi película, y la dejo en la red para que mis amigos a su vez me presten la suya.
Sin ser experto en la materia, hasta jurídicamente suena diferente esta forma de compartir. Y desde luego, excluye la posibilidad de un cánon como el que actualmente ha salvado las cuentas de la industria de contenidos.
Así las cosas pongan ustedes la conclusión que quieran. Pueden empezar a hacer lobby para gravar el uso de la banda ancha (lo que no parece muy congruente con la necesidad de desarrollar la sociedad de la información), o pueden empezar a pensar en el fascinante conjunto de oportunidades que el nuevo ecosistema abrirá para quien sepa aprovecharlo. Lo único desaconsejable es ignorar que el futuro es irreversible.

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