January 28, 2008   

Innovación: Lecciones Navideñas


Salvador Aragon

Las pasadas fechas navideñas son propicias para la reflexión. Cuando las luces festivas iluminan nuestras ciudades se plantean cuestiones que, en lo personal y en lo social, hacen referencia al impacto de la figura de Jesús y del Cristianismo, en la definición ética, estética y cultural de nuestra sociedad.

Sin embargo, raras veces nos asomamos al contexto histórico del Cristianismo que, hace más de dos mil años, proporcionó uno de los mejores ejemplos de innovación disruptiva en el campo de las ideas y creencias. Un ejemplo que nos ayuda a comprender donde y como surgen ideas y oportunidades que cambian mercados y sociedades.

El cristianismo nace en Judea, una provincia semiautónoma del Imperio Romano de escasa relevancia frente a vecinos más prósperos como Siria o Egipto. Una posición periférica que permitía la pervivencia de fuertes tradicionales locales asociadas a la cultura judía, junto con la llegada de influencias culturales desde los mundos helenístico, semítico e incluso iranio.

La diversidad cultural convertía a Judea en el lugar ideal para la aparición de un movimiento religioso que incorporase elementos de las distintas creencias que se superponían en este área. Su relativa marginalidad hacía posible una expansión local que no preocupase a las grandes religiones imperantes, a la vez que permitía una primera expansión a través de las comunidades judías dispersas en el oriente romano.

Este mismo esquema se replica en la aparición de ideas, creencias o productos y servicios, que podemos calificar de disruptivos. Muchas de las innovaciones disruptivas aparecen inicialmente en localizaciones marginales, donde confluyen ideas muy diversas, y donde su propia singularidad hace que surjan necesidades específicas.

Estas localizaciones reciben el nombre de nichos. En términos empresariales un nicho es un conjunto de clientes, con un perfil común y, propicios a comprar una novedad. Por ejemplo, aquellos usuarios de líneas aéreas que estaban dispuestos a ver reducido su nivel de servicio a cambio de una reducción paralela en el coste de su billete.

La identificación de nichos es un ejercicio básico para la localización de innovaciones disruptivas. Afortunadamente la investigación a lo largo de la última década ha permitido identificar tres tipologías de nichos que facilitan la búsqueda.

El primero de los nichos potencialmente disruptivos lo constituyen los no clientes. Se trata de un segmento fácil de identificar aunque muy difícil de conquistar por los jugadores tradicionales. Volviendo al origen del cristianismo, la religión oficial romana había dejado de ser atractiva desde el punto de vista espiritual para grandes segmentos de población, -no clientes -, que recibían muy positivamente a nuevas propuestas de origen oriental como los cultos mistéricos.

Los clientes “infraservidos” forman el segundo nicho a considerar. Esta categoría agrupa a clientes actuales no satisfechos que exigen nuevos niveles de servicio. Los primeros pasos del cristianismo tuvieron lugar entre parte de la propia comunidad judía que percibía al cristianismo como una mejora mesiánica de sus creencias tradicionales.

Finalmente el último nicho a seguir está compuesto por los “ultraservidos”. Son clientes actuales que no saben qué hacer con tantas funcionalidades, y que por tanto son susceptibles de ser atraídos por propuestas más simples y de menor coste. Muchos de los creyentes de religiones alternativas al Cristianismo fueron atraídos por la simplicidad de la nueva doctrina, que huía de complejas mitologías.

Estos tres nichos concurrían en Belen de Judá hace 2.000 años. Las creencias disruptivas que allí surgieron cambiaron nuestra civilización para siempre.

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Posted on 28 January 2008 in Innovación / Innovation

Comments

Brillante!!

Un saludo.

Posted by: Patxi Bonel at January 28, 2008 10:14 PM

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